Entrevista amb el pare Luis Nsue Abeso Mokuy, missioner a Olesa

Entrevista amb el pare Luis Nsue Abeso Mokuy, missioner a Olesa

“Dios es simplemente un interrogante”

Va néixer fa 52 anys a la província “espanyola” de Rio Muni, a Guinea, que a partir de l’any 1959 va deixar de ser colònia. És el desè de dotze germans i quan va acabar el batxillerat el van enviar a Camerun, va estar fora del seu país durant 10 anys i ha treballat com a missioner a Gabon, Camerun, Congo, i ara a Espanya.

Es fanàtic del Reial Madrid i reconeix que a Guinea hi ha molts culés. Per als guineans, Espanya segueix sent la mare pàtria, tot i que políticament s’ha oblidat una mica d’ells, sobre tot a l’hora de exigir visat per entrar aquí.

El pare Luis es sent molt content a Olesa i nota que la gent de la vila l’anima a continuar amb la seva tasca.

 

P: ¿Cuál ha sido tu camino hasta llegar a Olesa?

R: Soy sacerdote claretiano y no es la primera vez que estoy en España, de hecho, la congregación claretiana la fundó un catalán, Mossen Claret. He asistido a conferencias y seminarios en Vic, he visitado Montserrat y Barcelona varias veces. Y en Olesa estoy desde el 18 de octubre del año pasado.

 

P: ¿Qué te ha llevado al sacerdocio?

R: Crecí entre los misioneros y de joven, mi abuelo me brindó la posibilidad de estudiar en Madrid con mis primos, que aún residen allí. Pero él quería que yo estudiara Derecho o Diplomacia, pero renuncié a aquello porque sentía la vocación misionera. Es difícil de explicar, pero es como enamorarte de algo, tenía ganas de ser sacerdote desde pequeño. Y justo cuando entro en el seminario también tenía la opción de ser sacerdote diocesano, es decir, pertenecer a una diócesis, sin opciones misionales. Pero yo me hice misionero claretiano y por eso, tengo la posibilidad de trabajar en otros países. Actualmente los misioneros del Mossen Claret, estamos presentes en 60 países del mundo y puedo ir destinado en cualquiera de ellos.

 

P: ¿Sientes la necesidad de volver a tu país?

R: Cuando acabé mi misión en Gabón, volví a Guinea y me quedé allí dos años, precisamente preparando este viaje que estoy realizando ahora, que está relacionado con el Máster en Liturgia que estoy haciendo actualmente en el Instituto Superior de Liturgia de Barcelona. Pensaba acabarlo en dos años, pero me he encontrado con un nivel de exigencia mayor, así que espero acabarlo en tres.

 

P: A pesar de que no tienes esposa ni hijos…

R: Exacto…. Es la ventaja que tiene el misionero, no tienes nada que lo retenga en un lugar. Si me dijeran hoy, “te vas destinado a Argentina”, cojo el bolso y me voy.

 

“En mi país, una ciudad como Olesa tendría mínimamente tres parroquias y no podría tener dos sacerdotes como tenemos aquí”

 

P: ¿Te da igual cualquier país?

R: Sí. Desde el momento en el que hice mis primeros votos religiosos, concretamente escribí y firmé un documento a pulso, en el que me ponía a disposición de la Iglesia, y en ese momento renuncias a la herencia paternal en favor del hermano que quieres. Por ejemplo, si yo quisiera vender los terrenos que me dejó mi abuelo en Guinea, para sacar usufructo, tengo que pedir permiso a mi congregación.

 

P: ¿Cómo es tu relación con la gente de Olesa?

R: Paso la mayor parte del día en la facultad, desde la mañana hasta las seis de la tarde, por lo cual el contacto con la gente del pueblo se da los sábados y domingos después de misa, la gente se acerca, conversamos y alguno que otro me invita a conocer su casa y charlamos. La gente de Olesa me ha recibido muy bien, sólo que aún falta el contacto vital: cuando el sacerdote no habla la lengua que habla el pueblo hay una especie de distancia. Aquí la liturgia se hace en catalán, por lo que estoy obligado a aprender el catalán con las monjas, todos los sábados.

 

P: ¿No sientes la necesidad de conformar una familia?

R: A esta altura, no. De hecho, un misionero no puede tener una familia, ¿dónde la ubicaría?, ¿cómo viviría con ella? El caso es que no me podría acostumbrar a una vida en familia. Fíjate que, desde los 16 años, cuando entré al seminario, he pasado la mayor parte de mi vida en la “misión”.

 

P: ¿Estás de acuerdo al 100 % con la doctrina de la Iglesia?

R: Claro que sí. Los replanteamientos que la Iglesia hace obedecen a la actualización del mensaje de Jesucristo en el hoy de nuestro mundo y los hace teniendo en cuenta tres casas, la Sagrada Escritura, la Tradición y el Magisterio…. Cuando hice mis primeros votos, los hice después de un año de discernimiento espiritual que llamamos “Noviciado” (dura 12 meses); aprendí muy bien las “Constituciones” e hice la Profesión religiosa en la que prometía vivir como misionero claretiano observando los votos de pobreza, castidad y obediencia para siempre. Antes de hacer los votos perpetuos o definitivos, tuve la oportunidad de renunciar o replantear mi vida, por eso ahora los planteamientos que insinúas no me preocupan, ya hice el compromiso y sólo me resta pedir a Dios vivir dichos compromisos hasta la muerte.

 

P: Durante la última asamblea de obispos en la zona del Amazonas, hubo una propuesta relacionada con la ordenación sacerdotal de hombres casados de reconocida fe católica, aunque el Papa Francisco cerró finalmente dicha posibilidad. ¿Qué valoración haces?

R: Desde el comienzo de la Iglesia, el celibato sacerdotal es una disciplina y no es constitutivo al hecho de ser sacerdote. De hecho, si dejaran que los sacerdotes se casen, en mi caso nada cambiaria ya hice los votos hasta la muerte. Y la Iglesia no obligaría a todo el mundo a casarse. La Iglesia tiene lo que se llama “diáconos permanentes”, hombres casados no sacerdotes, pero que pueden bautizar, celebrar paraliturgias, realizar entierros y unir matrimonios. Cuando se les ordena, les hacen saber que: “Si muere su mujer, no vuelves a casarte”.

 

“El hombre occidental sabe expresar lo que desea”

 

P: ¿Notas cierta falta de entusiasmo en la juventud para optar por el sacerdocio?

R: Aquí puede ser, pero en Guinea las congregaciones tienen que discernir a quién aceptar y a quien decir que no. En mi país, una ciudad como Olesa tendría mínimamente tres parroquias y no podría tener dos sacerdotes como tenemos en el pueblo.

 

P: Y aquí con una iglesia ya hay suficiente…

R: Exactamente. Aquí en las misas tú ves algún que otro joven, pero en mi país, está abarrotada de jóvenes. Creo que esto tiene que ver con que el mundo occidental ha entrado en su segunda fase, caracterizado por el relativismo, pero con un fuerte arraigo de creencias y practicas cristianas, como puede ser la noche de “Sant Joan” o la bendición de los animales en el día de “Sant Antoni Abat”, pero luego la gente no viene a misa.

 

P: ¿Qué te parece este contraste entre el arraigo religioso y la ausencia en las misas?

R: No me hace sentir mal, lo que pasa es que cuando entras en diálogo con una cultura que no es la tuya, tienes que aprender y observar, porque cada cultura tiene elementos positivos. Y en el caso de Catalunya, noto que ahora precisamente y a nivel político, algunas fuerzas están luchando por sus ideales y me parece bien. El hombre occidental sabe expresar lo que desea.

 

P: ¿La Iglesia tiene la función de atraer fieles?

R: Creo que la Iglesia hace mucho, sin embargo, no estoy de acuerdo con que la Iglesia tenga que hacer algo para tener más fieles. Cuando la Iglesia nos adopta como cristianos, nos bautiza, nos inculca muchos valores cristianos y nos enseña los mandamientos a cumplir; entonces cuando un cristiano deja de ir a misa, está fallando a sus compromisos como cristiano, y en la Iglesia se habla del divorcio entre la fe y la vida.

 

P: ¿Cómo valoras la disminución de bodas por iglesia?

R: Aquí tenéis lo que se llama “pareja de hecho”, dos jóvenes se conocen y deciden vivir juntos – maritalmente- e incluso tienen hijos, sin más, pasan años sin legalizar su relación. Para mí, lo normal e ideal sería conocer bien al otro y cuando decides vivir con él, hacerlo como manda la ley.

 

P: ¿Te has enamorado alguna vez de una mujer?

R: Cuando entras en el seminario en África, para quitar toda duda, te hacen un chequeo médico para saber si eres viril o no y si tienes alguna tendencia perversa. Sólo admiten para el sacerdocio personas íntegras y no a aquellos que se refugian en la Iglesia por alguna debilidad. Con esto te quiero decir que soy íntegro; en la crisis vocacional que tuve después de los estudios de Filosofía, me entraron incluso ganas de casarme con una amiga de la infancia. Vencí la crisis y pude continuar.

 

P: ¿Has pecado alguna vez?

R: He pecado y todo el mundo peca, por eso me confieso. Si tengo necesidad le pido al compañero sacerdote, en este caso a Mossen Esteve y no tengo reparo en decirle mis debilidades.

 

P: Y los fieles, en general, ¿se confiesan?

R: He notado en las últimas navidades, que la gente ha venido a confesarse. En mi país, media hora antes de entrar a misa, el sacerdote está en el confesionario y la gente va pasando. En cambio, aquí, el 90 por ciento de los que vienen a misa, comulgan, en cambio allí, los que comulgan son pocos.

 

P: ¿Cómo te imaginas a Dios?

R: Cuando tú llegas al mundo, ves la inmensidad y te haces preguntas, como, por ejemplo, ¿y esto?, ¿y aquello? En mi lengua materna, el “fang” o “pamué” según los españoles, la palabra “Dios” es una interrogación: “¿Za-mbe?”, que vendría a significar “¿quién estuvo?”, ¿quien estuvo aquí para dejar tantas cosas? Dios es simplemente un interrogante.

 

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NdelaR: La lengua fang o pamue es una lengua de África Central hablada por los pueblos de la etnia fang. Es una lengua de la familia bantú y se habla en Guinea Ecuatorial, en la zona norte de Gabón, en la zona sur de Camerún y en menor medida en la República del Congo y en Santo Tomé y Príncipe.

 

 

 

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