Días raros, duros, diferentes…

En casa conecto con muchas emociones que por momentos me cuesta gestionar y es que al final sólo las hemos de escuchar. Salgo a comprar y veo una realidad que no quiero aceptar.

El camino hasta el mercado lo estoy disfrutando y saboreando como en mi vida lo había hecho. Con presencia placentera y agradecida de otro día más y poderlo “contar”.

Pero hay algo que me genera mucha tristeza. Tapados hasta las orejas me cruzo con gente, me dicen: “Adéu Montse!” y no sé ni quién es.  Manteniendo las distancias de seguridad, claro está.

Pero hay algo que me inquieta y mucho. La gente no se atreve a mirar a los ojos. En ocasiones he intentado intercambiar alguna mirada y hay mucha gente que baja la cabeza o te gira la cara. No hay miedo, hay pánico. Y eso me preocupa.

¿Dónde está el punto de equilibrio de poner medios y hacer las “cosas bien” sin olvidar lo que es en realidad? ¿Pero hasta el alejarnos de tal manera? Es complicado todo en sí. Pero me lleva a pensar en una muerte del alma.

No paro de leer que esto nos cambiara la vida, seremos más humanos, valoraremos más las cosas, yo me quedo en casa por los demás… y está muy bien. Pero sinceramente ¿creéis que el ego lo vamos a demoler en “un mes” de confinamiento? La humanidad lleva muuuuucho tiempo siendo egoísta.

Y el discurso está bonito pero cada vez observo más los hechos y no las palabras, porque “vende humos” el ser humano lo es un rato. Y veo cierta dicotomía en los comportamientos.

Devolver esa mirada que me corrobore que estás ahí en la distancia, pero estás, que te comprendo y que sea cual sea tu comportamiento no te juzgo porque no sé lo que estás viviendo tú por dentro, que no soy nadie para controlar por la ventana tus “pecados” porque seguramente que yo de alguna manera u otra también lo hago, que yo me encargo de mí por si algún día te tengo que ayudar a ti. Que no es mejor aquel que está siendo más responsable, pero está cargado de ira, que el que se salta alguna norma porque necesita de esa adrenalina, porque seguramente los dos actúan neuróticamente guiados desde el miedo.

Trabajemos la tolerancia y la compasión si de verdad queremos salir de ésta con una nueva reconstrucción.

Y soltar la auto-exigencia, no queramos arreglar toda nuestra vida en unos días, tomemos un descanso para observar qué nos quita paz, porque quizás es hora de renunciar a todo aquello que nos hace “ensuciar” y buscar nuevas maneras de “jugar”.

Ánimo a todos porque el que más y el que menos está viviendo su propio infierno, y confío en que esto traerá un cambio interno.

 

Montse Martínez / Terapeuta Gestalt

@diariodeunayonkiemocional

 

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